Anotaciones

Acerca de «Las máquinas enfermas»

Nota: Este es un texto que escribí para el lanzamiento del libro, y apareció primero en el dossier de prensa que preparó la editorial Páginas de Espuma.


Escribí este libro para que fuera desde el principio una colección completa, unitaria, inédita, y no una reunión de textos previamente publicados. Uno de los cuentos apareció en una revista mexicana, después de la conclusión del proyecto, pero la intención original se mantiene.

El origen de Las máquinas enfermas es una preocupación muy clara sobre un tema muy presente. Los cuentos se refieren, de diferentes formas, a nuestra obsesión con las llamadas “inteligencias artificiales” y otras tecnologías digitales, y a los muchos lados oscuros de ese mito renovado: el de las máquinas que “van” a reemplazarnos, y que ya están interfiriendo en nuestras vidas, nuestro pensamiento e incluso nuestros cuerpos.

Aunque el mito es viejo, la sensación mundial que han provocado los modelos de inteligencia artificial generativa (ChatGPT, Gemini, Grok o cualquier otra) ha crecido gracias a las amenazas, no siempre veladas, que sus propios dueños o creadores han difundido a través de los medios. Sus tecnologías son inevitables, dicen; quien no se adapte y se someta a ellas, será arrastrado, borrado del mundo laboral y probablemente del mundo a secas. No hay forma de pararlas, nada será igual cuando se apoderen del mundo, este es el próximo salto evolutivo de la conciencia en la Tierra, etcétera. Todavía está por ver si dicen la verdad: en lo personal, me parece que llamar a esos modelos “inteligencias” es una estratagema mercadotécnica, y que ningún chatbot está realmente a la altura de esas expectativas. Pero lo cierto es que el mito es fuerte, y muchas personas que no se han rendido a él de plano sí han abrazado las modas que se han creado a su alrededor. Los generadores de texto, imagen o sonido son, para muchas personas, bufones, oráculos o (más terrible) amigos, sustitutos de la compañía humana, simplemente porque parece fácil y barato, y porque los seres humanos proyectamos nuestra humanidad en todo lo que nos rodea. Ya hay casos reportados de delirios religiosos, fugas psicóticas y hasta suicidios derivados del uso de tal o cual modelo generativo: como cualquier otra creación humana, las máquinas “inteligentes” nos ayudan a desatar a nuestros propios demonios.

Las máquinas enfermas trata de esas proyecciones y esos demonios, y también de un aspecto de la cuestión que a veces se olvida: que esta tecnología es, en su mayor parte, propiedad de un número pequeñísimo de personas extremadamente ricas. Esta es una época en la que hay más dinero que nunca antes en la historia humana, pero también más desigualdad: los oligarcas de la actualidad concentran recursos y poder que los emperadores de otras épocas no podían ni soñar, y varios de ellos son los dueños de esas herramientas que quieren apoderarse de la imaginación y el pensamiento humanos. Creo que es ingenuo pensar que tienen buenas intenciones, y de hecho las aspiraciones declaradas de algunos son bastante horribles: fantasías de poder absoluto y saqueo perpetuo del mundo (y hasta de otros mundos).

Además, aun si las máquinas no funcionan, nuestra fe en ellas podrían ser suficiente para que triunfen sobre nosotros. No sería la primera vez que la humanidad se inventa ídolos para adorarlos.


Este artículo del escritor mexicano Vicente Alfonso discute muy bien la propuesta del libro.

La portada de Las máquinas enfermas está basada en una ilustración de Virgil Finlay.

2 pensamientos sobre “Acerca de «Las máquinas enfermas»”

  1. Virgilio Zarco dice:

    Hola maestro.
    Yo pienso que como toda herramienta (un taladro, un desarmador, un calibrador para bujías) si se sabe usar en cuanto a su propósito y utilidad no habría ningún problema, el detalle esta en que cuando se vuelve una dependencia o hasta una adicción por el uso de «inteligencias artificiales» se pierde el sentido de para lo que fueron creadas. Yo nací en los años setenta del siglo XX, y no creo en esas «inteligencias artificiales», me gusta mas por ejemplo escribir a mano, usar una pluma fuente, jugar una partida de ajedrez con otro ser humano (con un gran amigo que tenemos en común al que le encanta el ajedrez), me gusta tejer las jugadas y las estrategias que va generando mi cerebro, si se puede en un tablero de madera o piel con unas piezas de madera y a veces con un reloj BHB alemán de madera también. No si sea arcaico o antiguo jugar en esas condiciones, pero lo disfrutamos mucho. Podríamos jugar online o con un reloj digital pero no es lo mismo. Creo que esa «llama de esperanza» que mencionas en el primer cuento de Las maquinas enfermas se mantiene viva. El poder de la mente humana es infinito y creo que pasara mucho mas tiempo para que sea superado por esas «inteligencias artificiales».

    P. D. Empecé a leer el fragmento del primer cuento de Las maquinas enfermas que ofrece Paginas de espuma en línea y me gusto mucho, voy a tratar de conseguir el libro en papel y ya te estaré compartiendo mis primeras impresiones.

    Abrazo !

    Virgilio Zarco.

  2. Alberto dice:

    Muchas gracias, Virgilio. Ojalá te guste el libro completo.

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