Hola. Este es realmente un aviso muy pequeñito.
Desde que conseguí el dominio albertochimal.com, estuve publicando en este sitio algunos consejos y ejercicios de escritura creativa. Ya no habrá más, al menos por ahora. El sitio mismo no desaparece, pero no quiero dispersar tanto lo que publico en línea, y en especial no quiero dejarlo tan a la vista, donde los modelos de IA generativa pueden comérselo y luego presentarlo como información de ellos (o reciclarlo para producir textos que otros se atribuirán).
En el boletín de correo electrónico que tenemos Raquel, mi esposa, y yo, he estado publicando, desde hace un par de años, cinco ejercicios de escritura creativa cada lunes. Allí seguirán apareciendo, junto con una serie de consejos que planeo iniciar pronto. Parte de esas publicaciones está detrás de un muro de pago (también para desanimar a los modelos de lenguaje de gran tamaño, que son una plaga), pero tarde o temprano publicaré un libro con una selección de ese material. Ojalá se animen a ver (y, en su caso, a suscribirse).
Muchas gracias a todas las personas que han llegado hasta aquí, así como a las que han encontrado algo de interés en mi trabajo en línea a lo largo de los años.

La IA es un mar cambiante que está aquí para quedarse. Mi opinión es que, en lugar de huir de ella, debemos aprender a interactuar con ella. Hay muchas discusiones sobre la práctica literaria en este aspecto y eso es algo que debemos abordar con la visión de subirnos a esta ola.
A mi me está funcionando con mi segunda novela y, aclaró, la primera “instrucción” que tiene es: no escribas nada por mi.
Estoy abierto para platicarlo más a fondo.
Gracias por leer la nota. Te soy honesto: no estoy nada de acuerdo con el uso de esa tecnología para escribir. No le veo ningún beneficio. El trabajo creativo me gusta y, en mi opinión, pensar en la escritura como un proceso de fabricación que se puede volver más «rápido» o «eficiente» es abominable. No tiene caso debatir: si te parece bien, dejémoslo en que soy una persona «de otra generación» y ya voy de salida.
Por otra parte, y sin ningún deseo de ofenderte, te debo decir que la metáfora que utilizas es fea. No hay mar que no sea cambiante o que no esté aquí para quedarse, al menos desde la perspectiva limitada de una vida humana.